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DEFENSA DE LAS COFRADIAS
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OTROS ARTICULOS DE NICOLAS SALAS EN DEFENSA DE LAS COFRADIAS El malestar producido por los tres artículos publicados por Nicolás Salas en "ABC" entre el 28 de febrero y el 3 de marzo de 2000, con el título genérico de "Iglesia, dinero y Cofradías", tiene un antecedente que, asimismo, produjo también enojo tanto en el Palacio Arzobispal como en el Consejo General de Hermandades y Cofradías. Fueron seis artículos titulados "Defensa de las Cofradías", publicados con motivo del I Congreso Internacional de Hermandades y Cofradías, que tanto dio que hablar y que es origen de la actual crisis abierta entre las Hermandades y el Arzobispado.Es curioso, que tanto los seis artículos de 1999 como los tres de 2000, no hayan tenido eco oficial en el Consejo General de Hermandades y Cofradías, cuya única referencia se refiere a sólo cuatro o cinco líneas del final del primero de ellos, en apoyo público de la nota del Arzobispado publicada en "ABC" el 2 de marzo, rechazando que las Hermandades y Cofradías llevaran donativos cuando eran recibidas en audiencia por el arzobispo. El acuerdo del citado Consejo, y quizás por primera vez en este tipo de asuntos, fue insertado como publicidad pagada en el diario "ABC", pero el mismo anuncio fue rechazado por el "Diario de Sevilla". Los lectores tienen oportunidad de conocer los textos de los seis artículos publicados en 1999, para formar su propia opinión. Defensa de las Cofradías (1) EL I Congreso Internacional de Hermandades y Religiosidad Popular podría tener consecuencias positivas en Sevilla, pero no las esperadas por sus organizadores; es decir, que las vivencias del citado Congreso han resultado como una pedrada en una charca de aguas aparentemente limpias, pero con un fondo de ciénaga. De manera que el revulsivo puede alentar a quienes ya están más que hartos de soportar los ataques que están prodigándose contra las Hermandades y Cofradías. Ataques tan injustos como irresponsables. Durante el siglo XX, las Hermandades y Cofradías han sufrido tiempos durísimos, sin rebozo, como la persecución religiosa de 1931-1936; y otros menos agresivos pero igualmente peligrosos, como los intentos de penetración marxista durante el tardofranquismo, que han ido acomodándose a las circunstancias temporales. Y desde los últimos años se ha acrecentado la tradicional incomprensión eclesiástica hacia la idiosincrasia de estas asociaciones voluntarias de fieles. Ahora mismo, nos basta con escuchar las tertulias radiofónicas de cofrades o leer sus declaraciones, para captar la enorme "empanada mental" que afecta a determinados seudocofrades y, hay que subrayarlo, a algunas mujeres recién incorporadas. De manera que, de buenas a primeras, las Hermandades y Cofradías no son el fruto de varios siglos de experiencias religiosas y corporativas, sino una especie de Oficina Municipal de Distrito, regentadas por personas mesiánicas y con objetivos propios del Ayuntamiento, de la Diputación, de la Junta de Andalucía, del Estado y de cuantas instituciones nacionales tienen misiones benéfico sociales. O sea, que estos seudocofrades confunden la caridad con la justicia, y la devoción con la administración pública. O sea, que no tienen ni idea. Las Hermandades y Cofradías no necesitan que nadie las reinventen, y mucho menos que les digan lo que tienen que hacer, sino sencillamente que las respeten, que las dejen en paz, que nadie se inmiscuya en su vida. Claro que partimos de un problema casi insoluble, que es la audacia con que los ignorantes pontifican de lo que no saben. Pues, bien; parece que la situación ha tocado fondo, y que hay Hermandades que están en su sitio, y otras no; que hay cofrades y seudocofrades, y que está llegando la hora de la autonomía cofradiera. Nicolás SALAS 08 noviembre 1999 Defensa de las Cofradías (2) UNA de las aportaciones positivas del I Congreso Internacional de Hermandades y Religiosidad Popular, ha sido la nueva confirmación de que tanto las Hermandades y Cofradías de Sevilla como la "Semana Santa según Sevilla" son únicas en el mundo católico, inimitables e inexportables. Y ni falta que hace. Otra cosa es que la Iglesia oficial haya aceptado este axioma. Los sevillanos lo saben desde siempre y tienen a su favor el tribunal del tiempo, que es inapelable y con el paso de los años pone cada cosa en su sitio. O sea, que como demuestra la historia, pasan los arzobispos, las curias diocesanas, los párrocos y religiosos, y las Hermandades y Cofradías siguen iguales, impertérritas. Aquí todo lo foráneo se integra o resulta vencido. De ahí que las Hermandades y Cofradías, pese a todos sus defectos humanos, constituyan la más transcendente y ancestral vertebración social ciudadana. Gentes procedentes de medio mundo han traído al Congreso ideas, vivencias, experiencias sociológicas y religiosas, que merecen todo el respeto y atención, que deben estudiarse y valorarse, o sea, que la asamblea no ha sido vana, sino muy provechosa. Pero que nadie olvide que nuestros problemas son distintos, que las situaciones denunciadas no son siempre asimilables. Estamos en Sevilla y no en Iberoamérica, ni en Africa ni en Oriente. Conviene que esto no se olvide. Era inevitable que coincidieran en la catedral historiadores y seudohistoriadores, cofrades y seudocofrades, gentes vinculadas verdaderamente a las Hermandades y Cofradías, para servirlas, y gentes que toda la vida intentaron de servirse de ellas. Esto ha pasado siempre, salvo en los tiempos heroicos de la persecución religiosa de 1931-1936. Entonces sólo estuvieron al pie del cañón los cabales. Y cómo no iban a faltar algunos tira sotanas y besa anillos, estómagos agradecidos con la pechera adornada de distinciones pontificias o con ansias de tenerlas. Se identifican por su tendencia al servilismo, y por defenderlo a ultranza con ínsulas de superioridad dogmática. Ha habido en el Congreso dos testimonios que traerán cola: los de los Hermanos Mayores del Gran Poder y de la Macarena. Y ausencias temáticas difíciles de explicar, como las relaciones conflictivas Hermandades-Iglesia y la misión del Consejo General. Nicolás SALAS 10 noviembre 1999 Defensa de las Cofradías (3) QUE buena ocasión hubiera sido que en el Congreso Internacional de Hermandades y Religiosidad Popular, se plantearan con rigor y sinceridad los problemas de convivencia entre algunos párrocos y religiosos y las Hermandades y Cofradías establecidas en sus templos y conventos. Unas desavenencias personales que se pierden en la noche de los tiempos y de las que, por desgracia, hay testimonios antievangélicos de grueso calibre, además de casos pintorescos que omitimos por ahora. Lo cierto es que "todo el mundo" conoce los numerosos enfrentamientos ocurridos durante el siglo XX y más acentuados en los últimos lustros, entre párrocos y comunidades religiosas y Juntas de Gobiernos, hasta el punto de provocar el abandono de templos y conventos por determinadas Hermandades y Cofradías. Y por el contrario, también "todo el mundo" conoce los frutos magníficos producidos por situaciones de amistad, respeto y comprensión mutua entre otros párrocos y religiosos y las Juntas de Gobiernos de las Hermandades y Cofradías con sedes en sus dominios eclesiásticos. Más aún: muchos de estos párrocos y religiosos han sido directores espirituales de las Hermandades y Cofradías y consultores en tantos casos difíciles como se producen en las feligresías. Para aclarar situaciones y abrir caminos de diálogo, hubiera sido oportuno que tanto los clérigos enfrentados a las Hermandades y Cofradías como los que las aceptan y colaboran con ellas, más las Juntas de Gobierno, expusieran sus puntos de vista, sus razones a favor o en contra. Y hay que valorar que estas situaciones negativas están produciendo enormes daños entre los fieles, sobre todo en las zonas rurales. Otro tema obviado se refiere a los Consejos Generales de Hermandades y Cofradías que, al menos en el caso de Sevilla, plantea desde hace bastantes años problemas que desnaturalizan sus objetivos fundacionales. Desde luego, hay que aceptar que las realidades actuales tienen poco que ver con las raíces del año 1931, cuando la Federación de Hermandades nació para representar y defender a las Hermandades, y se encontraron con que su primer adversario estaba en el Palacio Arzobispal. Es verdad que entre 1931 y 1999 existen diferencias temporales, pero no sustanciales. Y este hubiera sido un buenísimo tema para el Congreso. Nicolás SALAS 12 noviembre 1999Defensa de las Cofradías (4) LA realidad de los Consejos Generales de Hermandades y Cofradías, especialmente en el caso sevillano, es capital y debe ser afrontado sin rebozo. La razón es bien sencilla: ¿Representan y defienden a todas las Hermandades y Cofradías, sin excepciones, o se han convertido en un órgano de controles administrativos, económicos y eclesiásticos sumisamente dependientes del Arzobispado? Naturalmente, los interesados negarán la segunda parte de la pregunta. Pero parece que la situación socio-religiosa está llegando al límite. Para valorar mejor las funciones del Consejo debemos recordar sus orígenes. Fue en 1931 cuando las antiguas aspiraciones de unidad iniciadas en 1898 y 1930 formalizaron la Federación de Hermandades y Asociaciones Piadosas de la Diócesis de Sevilla, aprobada definitivamente en una asamblea celebrada el 14 de febrero de 1932. Esta Federación se mantuvo hasta 1941, cuando la crisis económica dio paso a la Comisión de Cofradías que llegó hasta 1954. Luego se formó el primer Consejo General de Cofradías (1954-1975) que desembocó en el Consejo General de Hermandades y Cofradías que llega hasta nuestros días. Y es precisamente durante este último período cuando se acrecienta la influencia del Arzobispado y se pierden los objetivos fundacionales de 1931. Naturalmente estamos simplificando los hechos, pero si es necesario serán desarrollados con detalles y citadas las personas históricamente vinculadas a la Federación y los sucesivos consejos, así como las actuaciones curiales. Desde luego está documentada la actitud pasiva del Arzobispado ante las iniciativas de fundar la citada Federación y actuar las Hermandades en defensa de la Iglesia atacada por la II República. Tampoco vamos a entrar aquí en detalles. Lo cierto es que el mismo Arzobispado que no quiso tener nada que ver con la Federación de Hermandades, luego se apresuró a vincularla a su autoridad eclesiástica para tenerla controlada. Los objetivos de la Federación eran genéricos desde la primera iniciativa de 1898, y más concretos desde 1931 ante los ataques que estaban sufriendo las Hermandades y la Iglesia por parte de las izquierdas. Pero lo fundamental de este organismo independiente era representar a todas las Hermandades y defender sus derechos. Hoy está cuestionado que sea así. Nicolás SALAS 15 noviembre 1999 Defensa de las Cofradías (5) LA impresión superficial que parte de la sociedad podría tener sobre las Hermandades y Cofradías sevillanas, podría ser negativa después de algunas intervenciones en el reciente Congreso Internacional celebrado en nuestra catedral. Más aún cuando las desafortunadas e injustas apreciaciones hechas sobre las tareas sociales y los gastos suntuarios de estas Corporaciones voluntarias de fieles cristianos, han encontrado inmediato eco negativo en algunos participantes de tertulias radiofónicas y también en algunos comentaristas de periódicos. Rechazamos la manera torticera con que se ha generalizado, confundiendo muchas cosas, fruto de la osadía que tienen los ignorantes cuando pontifican sobre lo que no saben. Está claro que se ha despreciado injustamente lo que se ignora sobre las cofradías. Las Hermandades y Cofradías de Sevilla son las entidades que más han hecho individual y colectivamente por los desvalidos. No existe ningún otro grupo de sus características sociales que haya acudido más en favor de los enfermos y necesitados. Podemos poner como ejemplo innumerables actuaciones colectivas de las Hermandades y Cofradías en tiempos de epidemias de peste, cólera, fiebre amarilla, hambrunas. Y en nuestro siglo, cuando la epidemia de gripe de 1918, cuando hubo que ayudar a los soldados y a sus familias en las guerras de Africa y civil española. Y en las riadas, como la del Tamarguillo, cuando los hermanos fueron la base de las actuaciones parroquiales días y noches. Las autoridades reconocieron públicamente que las Hermandades y Cofradías, junto con la Sección Femenina de Falange, hicieron posible la atención a las decenas de miles de personas sin techo. Y para construir refugios para los damnificados de los suburbios, las Hermandades y Cofradías estuvieron las primeras con sus aportaciones económicas. Hubo algunas Hermandades pobres, sin posibilidades, que hipotecaron sus tesoros e imágenes para no faltar a la cita con los damnificados. Y cada hermano pagó durante años cuotas extraordinarias. Y más, muchísimo más, en el silencio piadoso con que las bolsas de caridad atendieron siempre a los pobres vergonzantes y a los enfermos. Y la Iglesia encontró el apoyo de las Hermandades y Cofradías siempre que las necesitó. Que no se olvide. Nicolás SALAS 17 noviembre 1999 Defensa de las Cofradías (y 6) EN nuestro comentario anterior, aunque en muy apretada síntesis, dimos respuesta a los desinformados que ponen en duda la labor caritativa de las Hermandades y Cofradías. Y podemos añadir que también fueron pioneras en la formación profesional de las jóvenes, como, por ejemplo, en la Hermandad de San Bernardo. Pero sería injusto personalizar. Lo que importa afirmar es que las Hermandades y Cofradías hacen labores sociales y caritativas como complemento de sus funciones piadosas desde siempre, acomodándose a las circunstancias de cada época. Pero, eso sí, sin convertirse en sucursales de los organismos públicos que tienen el deber de hacer justicia y practicar beneficencia. Otra cosa es que estas actuaciones sean conocidas y valoradas por los foráneos o los recién llegados al mundo cofradiero. En cuanto a la suntuosidad y sus gastos, es un tema tan manido, tan trillado, que además tiene respuesta en los Evangelios cuando Jesucristo le habla a María Magdalena. Pero resulta que esa suntuosidad no es vana, sino que reporta unos valores intrínsecos y añadidos excepcionales. Y además de carácter social y artístico. Sin las Hermandades y Cofradías no existirían con el auge actual las profesiones de imagineros, orfebres, músicos, bordadoras, carpinteros, doradores, floristas, cereros, etc., es decir, toda una pléyade de artistas que en muchos casos forman generaciones de prestigio internacional. Los tesoros de las Hermandades y Cofradías forman una riqueza dinámica que produce beneficios a la ciudad en su conjunto, sin obtener compensaciones. Las Hermandades y Cofradías hacen posible la celebración de la "Semana Santa según Sevilla", que supone ingresos económicos excepcionales y directos para todos los sectores mercantiles y de servicios, e indirectos al erario municipal. Naturalmente que los cofrades no organizan la Semana Santa para el turismo interior y exterior, pero está claro los beneficios que reporta. "Hay que reclamar autonomía para las Hermandades", ha dicho el hermano mayor de la Macarena. "Las Cofradías son más que religiosidad popular", ha dicho el hermano mayor del Gran Poder. Son afirmaciones justas, oportunas, valientes, que marcan el comienzo de un tiempo nuevo sin perder las raíces fundacionales. La Iglesia puede ponerse al frente o quedar relegada. Nicolás SALAS 19 noviembre 1999 Sobre la actitud de la Iglesia de Sevilla con los mártires de la guerra civil, puede confrontarse el libro "Sevilla en tiempos de los Anti-Dios", de Nicolás Salas, publicado por Editorial Castillejo en 1997.
MARTIRES DEL SIGLO XX DESDE finales de 1997 y con fecha de cierre prevista en noviembre próximo, la Comisión de Nuevos Mártires, creada por el Santo Padre Juan Pablo II, prepara el martirologio de la Iglesia Católica durante el siglo XX. El motivo es celebrar el Gran Jubileo del Año 2000 o Tercer Milenio con el reconocimiento colectivo y general de cuantos martirios se hayan producido durante nuestro siglo ya a punto de finalizar. Nos consta que la citada Comisión de Nuevos Mártires está recabando informes en todo el mundo, y naturalmente en España, y claro está, en Sevilla, aunque no haya trascendido a la sociedad, a los fieles, por ningún tipo de comunicado de la curia diocesana. El 29 de marzo de 1987 el Santo Padre Juan Pablo II beatificó a los primeros mártires de la persecución religiosa en España, a la que siguieron otros, pese al rechazo público de una parte de la Iglesia española, de manera especial protagonizada por el Congreso de Evangelización organizado por el Episcopado en Madrid en septiembre de 1985, que se pronunció en contra de la beatificación de los mártires de la Guerra de España. Naturalmente, la Santa Sede no tuvo en cuenta la penosa actitud de una parte de la Iglesia española, y siguió el curso de los procesos canónicos iniciados en 1985 por la Congregación para las Causas de los Santos, que entonces sumaban ciento veintitrés y afectaban a un total de mil cuatrocientas ochenta y nueve víctimas españolas. Al menos hasta 1993, los procesos pendientes en la Congregación para las Causas de los Santos fueron iniciados en su día a instancia de las diócesis donde fueron inmolados los sacerdotes, religiosos y seminaristas martirizados entre 1936-1939. En total eran treinta y cuatro diócesis, entre las que no se encontraba Sevilla, pese a que la entonces archidiócesis sufrió varias decenas de víctimas e incluso tuvo el protomártir de las Iglesias de España y de Sevilla en la Guerra Civil, el padre José Vigil Cabrerizo, cruelmente martirizado el mismo 18 de julio de 1936 y muerto en olor de santidad. El mandato vaticano de remitir a la Comisión de Nuevos Mártires, antes de noviembre próximo, las relaciones de personas muertas por la fe de Cristo, ofrece a los mártires sevillanos de 1936 y de manera especial a su protomártir, el citado sacerdote José Vigil Cabrerizo -que bien merece la beatificación individual-, la oportunidad de ser rescatados del olvido, situación hasta ahora tan inexplicable como dolorosa. Por lo menos que sean reconocidos colectivamente y que se proclamen sus nombres y circunstancias de martirio, todas ejemplares. Ya en 1938, el cardenal Segura, que ordenó hacer un informe pormenorizado de los mártires de la Archidiócesis sevillana, alertó del peligro de ingratitud en relación con los mártires españoles. Nicolás SALAS 03 julio 1998
DIOS NO ES PROPIEDAD PRIVADA Tomen nota todos los católicos, todos los cristianos, todos los seres humanos vinculados a cualquier religión: Dios no tiene dueño; Dios es de toda la Humanidad. Hay que defender a la Humanidad de quienes se creen dueños de Dios y tiranizan a las sociedades en todos los Continentes. Hay que defender a la Humanidad de algunas organizaciones eclesiásticas oficiales y de las sectas seudorreligiosas que han secuestrado a Dios y lo han convertido en propiedad privada, abusando de la buena fe, o aprovechándose de la incultura o del miedo reverencial de las gentes sencillas. Ningún ser humano tiene que pedirle permiso a nadie para creer en Dios, para tener fe, para hacer el bien al prójimo, para organizarse en comunidades con objetivos espirituales y de prácticas religiosas según las normas de cada Iglesia. Nadie está obligado por estas causas a depender administrativamente de las Iglesias. Todos los cristianos, incluidos los católicos, pueden organizarse en Hermandades y Cofradías según sus estatutos libremente aprobados por sus socios, de acuerdo con las leyes civiles de cada nación. Y la dependencia de las Iglesias debe ser voluntaria, quedando vinculados exclusivamente para el ejercicio de las prácticas religiosas a las normas de cada Iglesia. Al margen de la pastoral religiosa, ninguna Iglesia puede obligar a los socios de las Hermandades y Cofradías a condicionar sus normas civiles.
[21 junio 1999]
Reflexiones [2ª entrega]
LA SILLA HISPALENSE Y EL CARDENALATO En Sevilla y en otros lugares de España y del mundo católico se preguntan desde hace varios años por las causas que pueden haber influido para que el Vaticano haya eliminado el cardenalato de la Silla Hispalense, dignidad que ha sido tradición ancestral de esta archidiócesis desde el siglo XIV. En efecto, por primera vez han transcurrido diecisiete años sin que un Arzobispo de Sevilla sea elevado a la púrpura cardenalicia. Fray Carlos Amigo Vallejo fue nombrado arzobispo de Sevilla el 22 de mayo de 1982, pero se hizo público tres días después. Desde entonces hasta nuestros días, han pasado diecisiete años sin que el Vaticano lo eleve a la dignidad cardenalicia. A los sevillanos y mucha gente de fuera de Sevilla, ha extrañado que haya transcurrido tanto tiempo sin que la Silla Hispalense recupere el rango que siempre tuvo, al menos desde el siglo XIV con el prelado Pedro Gómez Barroso, arzobispo de Sevilla durante los años 1369-1371, elevado a la púrpura cardenalicia el 30 de mayo de 1371. Desde entonces han sido muy pocos los arzobispos de Sevilla que no han añadido el título de cardenal. Por lo menos desde el siglo XVIII hubo muy escasas excepciones, y durante el siglo XIX, ninguna. Puede decirse que, desde el pontificado del cardenal arzobispo Luis María de Borbón (1799-1814), todos los arzobispos de Sevilla han sido cardenales, menos en el caso de Fray Carlos Amigo Vallejo, actual inquilino del Palacio Arzobispal. Desde el pontificado de Luis María de Borbón (1799-1814), se han sucedido en la Silla Hispalense trece prelados, todos elevados a la dignidad cardenalicia en períodos de entre un año y cinco años después de su toma de posesión del arzobispado, salvo en el caso excepcional del santo cardenal arzobispo Marcelo Spínola y Maestre, que lo fue nueve años después de ser nombrado y por conocidas razones políticas. Con el decimocuarto arzobispo, Fray Carlos Amigo Vallejo se ha roto la tradición. Ofrecemos a continuación el listado de arzobispos cardenales de la archidiócesis de Sevilla desde 1799 hasta 1982: Luis María de Borbón (1799-1814). Un año tardó en ser nombrado cardenal. Francisco Javier Cienfuegos y Jovellanos (1824-1847). Dos años. Judas José Romo y Gamboa (1847-1855). Tres años. Manuel Joaquín Tarancón y Morón (1857-1862). Un año. Luis de la Lastra y Cuesta (1863-1876). Fue nombrado cardenal el mismo día que arzobispo. Joaquín Lluch y Garriga (1877-1882). Cinco años. Fray Ceferino González y Díaz Tuñón (1883-1889). Un año. Benito Sanz y Fores (1889-1895). Cuatro años. Marcelo Spínola y Maestre (1896-1906). Nueve años. Enrique Almaraz y Santos (1907-1920). Cuatro años. Eustaquio Ilundain y Esteban (1920-1937). Cuatro años. Pedro Segura y Sáenz (1937-1957). Era cardenal desde 1927. José María Bueno Monreal (1957-1982). Un año.
(21 de junio de 1999) |