I

NO hay efectos sin causas. El actual desencuentro entre las Hermandades y Cofradías y el Palacio Arzobispal tiene antecedentes que comienzan poco después de la llegada de fray Carlos Amigo Vallejo a Sevilla, en 1982, y que como sucede con los iceberg, ha ocultado a la opinión pública lo más trascendente bajo las aguas de la discreción. De manera que han existido situaciones molestas y difíciles de comprender para las Hermandades y Cofradías, seguidas de actitudes conciliadoras, pero siempre en difícil equilibrio por mor de las disparidades de criterios provocadas por el excesivo desconocimiento que el prelado tiene de la idiosincrasia cofrade, más una predisposición al ordeno y mando que aquí produce rechazo social. Ahora, y después de una muy discutible actitud arzobispal que dio la cara en diciembre de 1997, con las "Normas Diocesanas para Hermandades y Cofradías", el desencuentro podría desembocar en una crisis que, como todos los procesos donde coinciden sentimientos e intereses, se conoce como comienza pero nadie puede vaticinar cómo podría terminar para la Iglesia.

La clave del comienzo de la crisis la ha provocado el arzobispo con una serie de declaraciones públicas durante los dos últimos años, y que estos días han alcanzado cotas inéditas y difícilmente reversibles. Porque lo peor que podría haber sucedido en el hasta ahora desencuentro discreto entre las Hermandades y Cofradías y el Palacio Arzobispal, es que se creara una imagen pública deformada de los comportamientos de las citadas Corporaciones en materia de caridad, ayudas sociales, apoyos económicos a la Iglesia diocesana, etc. Es decir, que para la sociedad aparezcan las Hermandades y Cofradías como insolidarias, frívolas, consumistas, desorganizadas, e incluso anticlericales.

Parece que la pérdida de paciencia arzobispal ha tenido como espoleta la actitud de las Hermandades y Cofradías en el Congreso Internacional de Octubre de 1999, pero qué menos podría esperarse que la mínima asistencia ante los antecedentes acumulados por el propio prelado. Las Hermandades y Cofradías están hartas de colaborar con el Arzobispado, hasta el punto de que cuando visitan al prelado en audiencia tienen que entregar un donativo previo, nunca menor de cincuenta mil pesetas, antes de entrar en el despacho. Continuaremos.

Nicolás SALAS
28.02.2000

II

LAS Hermandades y Cofradías constituyen la célula primaria de la religiosidad popular sevillana, lo que como afirmó don Eduardo Ybarra Hidalgo [ABC, 8 julio 1999] es "algo más que la Semana Santa, porque acerca la religión a mucha gente". Hasta tal punto es aceptado este axioma que incluso la Komintern [Berlín, diciembre 1931] consideró que para desvincular a la clase obrera de la Iglesia, primero había que acabar con las Cofradías. Ese mismo pensamiento lo expuso don Manuel Siurot en Granada en los años diez, y tuvo seguimiento en las Semanas Sociales de España. Y sobre la particular manera de celebrar la Semana Santa "según" Sevilla, hay testimonios excepcionales firmados por el heterodoxo Eugenio Noel, el tradicionalista Francisco Elías de Tejada o el costumbrista Antonio Núñez de Herrera. O sea, que el que no se entera de la idiosincrasia cofrade sevillana es porque no quiere.

Los desencuentros entre las Hermandades y Cofradías y los inquilinos del Palacio Arzobispal, no son novedad alguna en la historia, y con excepción del santo cardenal arzobispo don Marcelo Spínola y Maestre, que era andaluz de la Isla de San Fernando, casi podría afirmarse que siempre hubo tiquismiquis hasta el extremo de que, después de una sonada polémica entre cofrades y un arzobispo, la razón vaticana fue para los primeros y quedó acuñada la frase aleccionadora: "Con las Cofradías, ni fías ni porfías..." En nuestro siglo, el más significativo desencuentro lo protagonizó el cardenal arzobispo don Eustaquio Ilundain y Esteban en los primeros años treinta, como consta en mi libro "Sevilla en tiempos de los Anti-Dios". Hoy no existen aquellas dramáticas y trágicas circunstancias, hasta el punto de que los descendientes ideológicos de quienes persiguieron a muerte a la Iglesia, ahora conceden a un prelado el título de "Hijo Predilecto" de Andalucía.

Lo novedoso en la crisis actual es que la causa principal, tiene oficialmente color económico, aunque existen otros fundamentos de mayor calado. Seguramente fray Carlos Amigo Vallejo conoce y desea golpear donde más duele, siguiendo aquella afirmación de don Joaquín Romero Murube, que alerta: "A los catoliquísimos personajes sevillanos lo que más les duele es abrir la mano para soltar el duro..." Esta vez la trastienda está bien repleta de otros asuntos explosivos. Continuaremos.

Nicolás SALAS
1 03 2000

y III

LAS Hermandades y Cofradías siempre estuvieron cortitas de liquidez, sobre todo cuando, como ahora mismo en la antesala de la Semana Santa, están preparando la salida procesional. Mal momento, pues, para exigir dinero... ¡Qué poco conocen el prelado y sus asesores el mundillo cofrade! Pero la escasez de dinero tuvo momentos críticos en los años cuarenta y cincuenta con carácter casi generalizado en las Hermandades, de manera que ya no era tal o cual Cofradía la que salía en Semana Santa de verdadero milagro y en precario, sino que el dinero faltaba en todas las arcas. Entre otras cosas, porque para las Hermandades y Cofradías las ayudas a la pobreza vergonzante, la caridad organizada y los apoyos al Arzobispado, tuvieron siempre atención especial. Cada vez que tocaba la campana de Palacio, allí estaban las Hermandades y Cofradías para organizar a sus expensas misiones generales, congresos eucarísticos, ofrecer barracones a los arriados, enseñar a los pobres y darle un oficio... ¡Qué injusticia criticarlas de cicatería con la Diócesis, y cuánta ignorancia!

En los años cuarenta fue don Manuel Sánchez del Arco el que estudió la economía cofradiera en su libro magnífico "Cruz de Guía". En los años cincuenta hubo ponencias sobre el mismo tema en los Consejos Económicos Sindicales de la Provincia de Sevilla, con aportaciones de peso presentadas por don Filiberto Mira y don Joaquín Carlos López Lozano. Y recientemente se han realizado otros estudios esclarecedores. Lo cierto es que, para paliar la precariedad económica cofradiera, se acudió a la participación en el abono de las sillas y palcos.

Los resultados no han sido lo aceptable que se merecen las Hermandades y Cofradías. Los ciento nueve millones de pesetas que llegan a sus tesorerías procedentes del abono de sillas y palcos, pueden considerarse una limosna. Y una enorme injusticia social. Porque gracias a las procesiones de Semana Santa la ciudad ingresa casi diez mil cien millones de pesetas [1998], sin contar las inversiones en artes ornamentales que mantienen vivas artesanías tradicionales. Por lo tanto, podría replantearse si en las condiciones actuales las Hermandades y Cofradías pueden seguir cruzadas de brazos, sin recibir un duro, sumisas, y encima con una imagen pública negativa.

Nicolás SALAS
03.03.2000

 

"BODAS DE ORO"
Y DESPEDIDA

ESTA Primavera cumpliré cincuenta años como profesional del periodismo, y es la ocasión para colgar la pluma, aunque aún tenga tinta para seguir escribiendo. Durante medio siglo he tenido la suerte de trabajar según mi vocación, y gracias a Dios he logrado mis objetivos profesionales como periodista sevillano.

La gratitud me lleva a recordar a quienes fueron mis directores, mis maestros y especialmente mis amigos, ayudándome a ser periodista y persona. Por orden cronológico recuerdo a don Celestino Fernández Ortiz, director del diario "Sevilla" (1950-1953), y del semanario "Trofeo" (1950-1953), donde llegué con dieciséis años de la mano de don Manuel Alarcón Martín. De allí pasé a "El Correo de Andalucía" (1953-1955) dirigido por don José Montoto y González de la Hoyuela. Radio Sevilla (1971-1972), "Hoja del Lunes" (1957-1966), "Novedades" (1965), "Guadalquivir" (1974-1976) fueron también hitos profesionales. Y antes en el semanario "¡Oiga!" (1956-1958) fundado por don Manuel Benítez Salvatierra, hasta ingresar en ABC de Sevilla en abril de 1959, hace ya cuarenta y un años. A esta Casa debo todo lo que soy profesionalmente.

Don Guillermo Luca de Tena y Brunet fue mi primer director en ABC y quien más adelante, como presidente de Prensa Española, me nombró director (1976-1984). Antes fui auxiliar de Redacción, redactor y redactor-jefe, y después de cesar en la dirección me nombró adjunto a la presidencia de Prensa Española. Entre 1962 y 1976, tuve como director a don Joaquín Carlos López Lozano.

Cincuenta años siendo testigo de la historia cotidiana, observando el haz y el envés de los acontecimientos, el comportamiento de los personajes, inclinan al escepticismo. Pero siempre hemos mirado hacia atrás sólo para recordar lo positivo, por lo que toda esa experiencia nos ayudó a madurar. ¡Qué escuela acelerada de humanidades fueron los ocho años en la dirección de este ABC, durante el tardofranquismo y los primeros tiempos de la transición política! El despacho de dirección era un pararrayos donde descargaban todas las tormentas sociopolíticas. Y el escudo estaba escrito en una cuartilla enmarcada y firmada por don Guillermo Luca de Tena, que decía: "Unica consigna recibida: absoluta independencia". O sea, ser considerado rojo por las derechas, cavernícola por las izquierdas, y "bestia negra" por el centro gobernante.

Puesto a elegir un solo asunto básico entre tantas experiencias decisivas, me quedo con la Redacción-Escuela que fue y sigue siendo mi orgullo. Junto a los veteranos formados por don Joaquín Carlos López Lozano, como Olmedo, Colón, Ferrand, Blázquez, Manfredi, Martínez Velasco, Ríos, Tasset, entre otros, los que llegaron de estudiantes en prácticas o de redactores recién iniciados, y que ahora son profesionales de talla repartidos por toda España y en todos los medios, como Ramírez, Ybarra, Balbontín, De la Torre, Gamito, Lorente, León, Florencio, De Andrés, Lucas, Carrizosa, Rodríguez Cañíbano, Calderón, Fernández Cabeza, Martínez, Fernández Cotta, Lama, Carvajal, Seco, las para mi entrañables hermanas Algarra y Lora, y más gente que ocupan cargos directivos y ejecutivos en periódicos, emisoras de radio y televisión o gabinetes y empresas de Comunicación, agencias, facultades de Periodismo.

Mención aparte merecen dos profesionales excepcionales: Antonio Burgos, "mi" redactor-jefe, y Manuel Rodelas, el mejor secretario de Redacción que ha tenido este periódico. Ambos tuvieron comportamientos ejemplares en momentos claves de los difíciles primeros tiempos democráticos. Burgos fue, además, el álter ego de la sevillanía protagonizada a través de la sección "Casco Antiguo".

Si el ABC de la primera transición se estudia hoy en ponencias y tesis doctorales, por sus aportaciones a la autonomía andaluza y al conocimiento del costumbrismo, es gracias al equipo de Redacción de 1976-1984. Nuestras campañas fueron siempre contra corriente: por la bandera andaluza, por el 28-F, por el dimisionario ministro Clavero Arévalo, por la defensa del patrimonio arquitectónico, por el aceite de oliva, por el algodón, por los fueros culturales del pueblo andaluz, por la enseñanza.

Cuando llega el final de nuestro ciclo profesional en ABC, mi gratitud es para quienes fueron mis maestros y mis compañeros. Y para los lectores.

Nicolás SALAS

Nota: este artículo de despedida fue  publicado por ABC de Sevilla el pasado jueves día 9 de marzo del 2000.